Colorea allí por donde pases

Un aparato lleno de tiza que deja una marca allí por donde pases con tu bici... ¿utilidad?, cero... ¿originalidad?, 10



Un ladrón de bicicletas muy bien educado

Imagínate que dejas tu bici candada a un arbol y cuando vas a por ella, en vez de la bici, encuentras una nota dejada por quien se ha llevado la bici.

Traducción:

"Al dueño de la bici que estaba candada a este árbol:

Hola, he pasado por aquí durante los tres últimos meses. Tiempo más que suficiente para considerar que la bici está abandonada así que me la he llevado para probarla y darle algo de uso antes de que sea totalmente insalvable.

Estoy dejando esta nota porque no soy un ladrón. No estoy interesado en privar a nadie de sus propiedades personales. Si eres el verdadero dueño, y no estás de acuerdo con lo que he hecho, envíame un email a xxxxx@gmail.com y prepárate a ser muy específico sobre la marca y modelo de la bici".
Ahí es nada...

Renace un ciclista por Tony Horwitz

Me he convertido de nuevo en ciclista. Renacido, quiero decir, porque he pasado un largo período en penumbra entre la infancia aguantada encima de una Schwinn, que pesaba mucho y el fin de semana que acabo de pasar encima de una Trek 930 Single Track.
Mi historia como ciclista comenzó en Washington D.C., la capital del mundo libre, donde muchas bicicletas también eran libres, o robadas a gente como yo. Antes de salir de casa para ir al colegio me habían robado una media docena de bicicletas que tenía encadenadas a señales y aparcamientos para bicicletas. Luego, como un joven adulto, me desplacé al extranjero a una serie de ciudades contaminadas, congestionadas de gente, donde las bicicletas eran impensables.
En estas lejanas ciudades respirar era peligroso, y el ciclismo, impensable. No había ni carriles ni aparcamientos para bicicletas, solamente cochecitos maniacos corriendo por callejones estrechos y scooters kamikaces que pasaban raspando a cualquier ciclista o peatón.
Al volver a los EE.UU. el año pasado me di cuenta de que el ciclismo había cambiado desde la Etapa Oscura de los años 70. Las grandes y pesadas bicicletas habían desaparecido, y en su lugar encontré máquinas con perfiles suaves hechas de metales preciosos y conducidas por extraterrestres en pantalones cortos y estrechos de lycra y cascos aerodinámicos. Un poco tímido, seguía andando y haciendo visitas al gimnasio de vez en cuando.
Allí me ponía en una bicicleta que no movía y miraba unos paisajes imaginarios; trigales, bosques, las Montañas Rocosas, pasándome en una pantalla de vídeo.
Finalmente empecé a necesitar una auténtica bicicleta. Por eso me encontré en un concesionario Trek donde un vendedor llamado Scott estaba glorificando los tubos grandes, los frenos multi-condition y un tal concepto muy extraño llamado soldadura TIG Signature Sequential. “Es muy fácil de utilizar" me aseguraba Scott, cruzando la tienda con la 930. “Incluso un niño de cinco años podría montar esta bici.”
Bueno, lo que tu digas, pensaba, echando un vistazo por las estadísticas sobre la bicicleta: un cuadro CroMoly del “Tamaño óptimo” (se llama OS), grupo principal Shimano STX, manetas GripShift SRT 400, llantas Matrix. No me extrañaba que esta compañía se llamara Trek; sus máquinas me parecían a mi tan fáciles de entender como la Nave Espacial Enterprise. Además, mirando las fotos de algunos de los ciclistas en el catálogo, pensé que tenias que ser un híbrido para montar en una de ellas: medio humano, medio Schwarzenegger. Me alivió un poquito ver que también había otra gente bastante delgada en la tienda en vez de gente sobrehumana, y que Scott estaba rellenando un “Sujeta Cerebros” para ajustar la talla porque, insistió, “nadie sale de esta tienda sin casco”.
Al llegar a casa, seguí mi método normal para mis inventos que no entiendo: tirar el manual del propietario en un cajón e improvisar. Scott tenía razón; aparte de los rastrales, que al principio se me fueron cada vez que intenté poner los pies, la bicicleta era cosa fácil. Entonces me fuí en la bici a un camino campestre llamado Stumptown Road, conocido por sus vistas montañosas, su naturaleza abundante y su nombre tonto.
Así surgió un problema que en los manuales del ciclismo no se trataba. Los roedores son una cosa; los zorros, las mofetas y los castores tan grandes como un hombre otra. ¿Cómo iba a superar 100 kg. de roedor mi “cuadro conificado True Temper soldado con el sistema TIG”?, ¿Quién sería la victima, el castor o yo?, ¿Estaba asegurado para estos percances?.
Sin embargo, mis preocupaciones desaparecieron muy pronto cuando empecé a mirar el paisaje. Notaba detalles que anteriormente había ignorado. Una granja abandonada. Los rollos de paja amontonados en lo alto de un granero de techo rojo. Los hierbajos al lado de la carretera, me di cuenta, eran la hierba rara del Queen Anne Lace, tan blanco y delicado como la blonda. De pie, había estado demasiado cerca del suelo para apreciar las suaves colinas y campos bonitos que se podía ver justo encima de los muros. Un halcón estaba volando en el caliente cielo de Virginia. El trigo movía en la brisa. Un picapinos atacaba a un árbol...
Ah, sí, la bici. Bueno, sí, eso es lo importante. Apenas lo notaba. La carretera se convirtió en alquitrán suave, en asfalto desnivelado, en una superficie de piedras sueltas, y la bici lo superó todo, sin la más mínima fuerza. Probé un camino de tierra para ver como iba a reaccionar el cuadro “conificado”; absorbió todos los choques en vez de pasármelos a mi, menos duradero, trasero. Los mandos del cambio en el manillar cambiaron de 1 a 21, facilitando mi progreso por colinas y caminos de forma muy suave; sin todos los problemas de los cambios de mi juventud, que estaban en el tubo inferior.
Tampoco echaba de menos ese manillar curvo de las bicicletas de carreras que me tenía mirando a la carretera pensando en el dolor que recorría mi espalda. Sentado recto en la Trek, podía sonreír y saludar a los conductores que tenían la mala suerte de estar encerrados en sus cajas con aire acondicionado. Lo mejor de todo era que el diseño del sillín que ha mejorado un montón desde la última vez que había montado en bici; había desaparecido el sillín duro de la Inquisición Española. En su lugar, un sillín acolchado que parecía mejor para la anatomía humana.
Paré para comer en un merendero y me harté de costillas con patatas. Sin duda no fue una comida de régimen, pero sabía mucho mejor que un PowerBar con salsa de barbacoa. Y mientras utilizaba la energía de mi comida en el sol de la tarde, empezaba a soñar con todos los accesorios que había visto en la tienda de bicis. Botellas para agua, riñoneras, herramientas, bacas, ciclocomputadores, quizás un par de pantalones cortos y estrechos de lycra. Y, lo mejor de todo, uno de esos candados de Kryptonita que no podía romper ni el mismo Superman. Mucho mejor que los candados de mi juventud, nada más que un clip que decía “por favor, roba esta bicicleta”. Estaba decidido, nadie me va a quitar a esta chica tan guapa.
Tony Horwitz es un periodista de Virginia y el autor de “Bagdad sin mapa y otras desventuras en Arabia”.
Este relato apareció publicado en el catálogo de Trek '95

Parking automático de bicicletas en Japón

Como suele ocurrir con otras muchas cosas, en el país oriental van por delante en muchas cosas, incluyendo la forma de aparcar las bicicletas. No ha mas que ver este vídeo:

La imagen: vértigo

No sé si esta imagen será real o un montaje pero de todas formas da vértigo...

Btwin Tilt: la nueva y revolucionaria plegable de Decathlon

Al igual que hizo con las tiendas de campaña que se montaban en pocos segundos, Decathlon quiere revolucionar el mundo de las bicicletas plegables con un modelo que se pliega y despliega en 1 segundo.


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